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Otra obertura titánica

publicado a la‎(s)‎ 20 jun. 2016 16:11 por Andrés Abel   [ actualizado el 28 jun. 2016 12:13 ]
Se admiten apuestas sobre si volveré a escribir en este blog, pero quería estampar al menos una entrada contra el casco de la web y señalaros con mi bastón —lobo de plata en la empuñadura, la boca sirve como abridor— cuáles son las novedades que trae. A babor: he montado otro tumblr, en plan álbum de recortes, mientras decido si el de siempre sigue centrado en el negocio de las camisetas o se abre también al de los GIF animados. A estribor: me he lanzado a publicar relatos cortos en Amazon.

Empiezo con un par de hace casi cinco años. Puede parecer una decisión rara, teniendo material reciente tanto inédito como fogueado en antologías, pero lo hago precisamente porque a pesar del tiempo que ha pasado siguen estando entre mis favoritos. Rocks apareció en el libro Calabazas en el trastero: Monstruos de cine (Saco de Huesos Ediciones) y fue algo así como mi primer pequeño gran éxito. No sé si ahora mismo sería capaz de escribirlo, pero Dio me libre de censurarle ninguna ficción a nadie y menos a mi yo de hace un lustro. El otro relato, Scratchers, lo acabé justo después y no había visto la luz hasta este momento. Los dos tienen mucho en común, en ambos se narran historias de supervivencia de espíritu VHS, pero mientras que Rocks se regodea de forma bastante explícita en las estrecheces del horror independiente y la explotación de serie B, Scratchers reclama algo más de presupuesto con la promesa de una sangrienta aventura ci-fi para todos los públicos (menores acompañados).

Si funcionan medio bien, la idea es que les sigan más, estrenos y reediciones, con portadas que se lo pongan difícil al contenido para estar a la altura. Desde luego así es en el caso de estas dos: la de Scratchers es obra de Judith Chamizo, y supongo que siempre lo fue, porque desde el principio la vi en mi cabeza dibujada por ella; el resultado se come por las patas aquellas visiones. Y en cuanto a la de Rocks... bueno, esa también la veía dibujada por quien ha terminado firmándola, pero solo en mis sueños más salvajes. Mike Ratera ya era uno de los grandes nombres del cómic de terror en este país antes de traspasar sus fronteras, y contar no solo con una acojonante ilustración suya —con color del maestro Diego L. Parada—, sino con su apoyo y su entusiasmo durante el arranque de este viaje, hace que ya haya valido la pena. Pero comprad los malditos relatos, eh.